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¿Cuál fue el nuevo umbral de los aranceles?

Los aranceles entre EE. UU. y Canadá han generado una nueva carga fiscal de decenas de miles de millones de dólares en el comercio entre ambos países. Tras la decisión de la Administración de Donald Trump de imponer un arancel del 50 % a una amplia gama de productos procedentes de Canadá, Ottawa anunció un paquete de represalia de 20.000 millones de dólares que entrará en vigor el 8 de septiembre.

Las contramedidas canadienses abarcan más de 700 productos estadounidenses y las tasas oscilan entre el 15 % y el 50 %. En la lista figuran lácteos, mariscos, electrodomésticos, madera y papel, además de prendas de vestir, mientras que los gravámenes de Washington también apuntan a artículos como vino, cemento y palos de hockey de origen canadiense.

Según Moody's Ratings, a través de su director de crédito Atsi Sheth, el principal problema para los mercados no es solo el nivel del impuesto, sino la duración de la incertidumbre. Los analistas señalan que este entorno dificulta la previsión de costes en los balances empresariales y abre la puerta a fuertes movimientos diarios en las cotizaciones.

Los mercados reaccionaron al principio, pero las ganancias no duraron

Tras conocerse el deterioro de las negociaciones comerciales, el lunes se registraron compras rápidas en las acciones de acero y materiales. Nucor, Steel Dynamics, Cleveland-Cliffs y Century Aluminum subieron, mientras que el VanEck Steel ETF (SLX) avanzó un 1,6 % ese mismo día; el Materials Select Sector SPDR (XLB) llegó a tocar durante la sesión su máximo histórico.

Sin embargo, la primera reacción de precios no se mantuvo durante el resto de la semana. XLB cerró los cinco días de negociación en terreno negativo, mientras que SLX terminó la semana prácticamente plano. Aun así, según datos de Morningstar del 28 de agosto, la rentabilidad acumulada desde comienzos de año del SLX supera el 28 % y la del XLB está por encima del 18 %, por lo que ambos fondos siguen superando al S&P 500.

La reacción bursátil y la economía real pueden no moverse al mismo ritmo

Los expertos creen que los productores de acero podrían salir relativamente favorecidos por el tamaño del mercado interno estadounidense. En cambio, en el aluminio el panorama es más complejo, porque EE. UU. sigue dependiendo de las importaciones de aluminio primario y Canadá tiene un peso enorme en ese suministro. Además, poner en marcha nueva capacidad de fundición lleva años, no meses, lo que dificulta que la presión sobre los precios desaparezca a corto plazo.

La mayor presión está en la automoción y en las cadenas de suministro transfronterizas

Uno de los frentes más sensibles es el sector del automóvil. Como las piezas utilizadas en la fabricación de vehículos pueden cruzar la frontera varias veces, el efecto de los aranceles no se limita a un solo envío: cada vez que el metal vuelve a cruzar, se añade coste a la cadena. Por ello, los especialistas no ven un ganador claro para la automoción en esta guerra comercial.

  • Insumos de acero y aluminio procedentes de Canadá y difíciles de sustituir
  • Piezas estampadas, sistemas de transmisión y sistemas de frenos
  • Componentes electrónicos y subconjuntos especializados

Las empresas están estudiando opciones para aliviar esta presión, como las zonas francas de comercio exterior, el traslado de almacenes y la búsqueda de nuevos proveedores. Sin embargo, los representantes del sector subrayan que las cadenas de suministro no pueden reconfigurarse en pocas semanas; esta incertidumbre podría desencadenar cambios de ruta más permanentes en un plazo de 12 a 24 meses.

Las agencias de calificación también han indicado que seguirán de cerca a las empresas de industria pesada, acero y aluminio. Se espera que las grandes compañías absorban mejor los shocks, mientras que para los inversores el principal riesgo se concentra en qué fabricante logra reducir de antemano su dependencia de insumos transfronterizos.

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