Stanley Black & Decker ha decidido cerrar su planta de Hampstead, en el estado de Maryland. Según la notificación bajo la Worker Adjustment and Retraining Notification Act (WARN) presentada el 19 de agosto ante el Departamento de Trabajo de Maryland, el proceso afectará a 55 empleados. Los despidos está previsto que comiencen el 23 de octubre de 2026 y que la clausura de la instalación se complete el 26 de marzo de 2027.

El cierre responde al retroceso del volumen de producción

La dirección de la compañía señala que en los últimos años se ha registrado un descenso constante en el volumen de materiales producidos en la planta de Hampstead. Este panorama encaja con una tendencia más amplia de reestructuración, en la que aumentan las decisiones de cierre para reducir la presión sobre el flujo de caja de tiendas e instalaciones con bajo rendimiento.

La portavoz de la compañía, Debora Raymond, afirmó que en la planta de Hampstead se ha observado una "disminución constante del volumen".

Stanley Black & Decker indicó que busca suavizar el proceso de transición para los empleados afectados. Según la empresa, se ofrecerán opciones de empleo en otras plantas y operaciones de la compañía en Estados Unidos, además de indemnizaciones y apoyo para la recolocación tanto para el personal asalariado como para el hourly, es decir, el que cobra por horas.

Un ajuste de eficiencia en una empresa de 15.130 millones de dólares

Stanley Black & Decker ingresó 15.130 millones de dólares en 2025, según datos de VerityRank. El grupo, presentado como la mayor empresa de herramientas manuales del mundo, refleja con su decisión sobre Hampstead que incluso los grandes fabricantes están revisando sus activos menos eficientes.

La historia de la planta se remonta a la época de Black & Decker. El centro fue construido en 1951 para la fabricación de herramientas eléctricas de mano, pero esas actividades se interrumpieron en 1985, después de que fracasaran los intentos de modernización, y más tarde el recinto pasó a utilizarse como uno de los principales centros de distribución de la costa este.

La empresa vendió el terreno de Hampstead en 1999 a AG/GFI Hampstead Inc. por 2,7 millones de dólares. Aun así, la compañía mantuvo una pequeña presencia de distribución en el lugar y siguió asumiendo las responsabilidades medioambientales derivadas de sus actividades históricas. Antes del cierre, el uso principal de la planta se había limitado a la producción de metal en polvo y a actividades restringidas de almacenamiento y distribución.

La decisión muestra que, después de los cierres de tiendas con pérdidas en los sectores minorista y de servicios, también se están acelerando los ajustes de capacidad en la industria. Para Stanley Black & Decker, el objetivo principal es reducir la carga operativa de una planta afectada por la debilidad del volumen y redirigir recursos hacia áreas más eficientes.