Un gesto geográfico en medio de la guerra comercial
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una orden ejecutiva para cambiar el nombre del lago Ontario, situado en la frontera entre ambos países, por el de “lago América” en un momento en que las negociaciones comerciales con Canadá estaban bloqueadas. La medida llegó justo después de que Washington impusiera un arancel adicional del 50 % a los productos canadienses y Ottawa respondiera con represalias, llevando las relaciones diplomáticas a una nueva crisis.
Según el decreto, el Departamento del Interior de Estados Unidos dispondrá de 30 días para actualizar la base oficial de datos de nombres geográficos. Al valorar la decisión en el Despacho Oval, Trump aseguró que no se trataba de un mensaje directo contra Canadá, aunque sostuvo que el país vecino ha abusado de Estados Unidos en materia comercial durante mucho tiempo.
Respuesta contundente de Canadá: “Se llamará Ontario para siempre”
La reacción de Ottawa no tardó en llegar. El primer ministro canadiense, Mark Carney, subrayó que el nombre del lago tiene más de 400 años de historia y es anterior incluso a la independencia de ambos países. Carney insistió en que los lugares deben ser llamados por su nombre y dejó claro su posición:
“Los hombres y mujeres canadienses saben que las cosas deben llamarse por su nombre. Este lago se llama hoy, y se llamará para siempre, lago Ontario”.
El primer ministro de Ontario, Doug Ford, y otros altos cargos canadienses también afirmaron que no aceptarán la decisión. Como no existe una autoridad universal que determine los nombres de las aguas internacionales, la medida de Estados Unidos solo tendrá validez dentro de sus propios organismos públicos.
¿Cómo se recibió la decisión en la política estadounidense?
En Washington, la decisión generó reacciones divididas. El secretario del Interior, Doug Burgum, dijo que las aguas que rodean al país deberían reflejar la grandeza de Estados Unidos y que aplicarán la instrucción con satisfacción.
En cambio, desde las filas del Partido Demócrata surgieron críticas duras. La congresista Debbie Dingell condenó la medida y anunció que presentará un proyecto para anularla. Quienes se oponen a la decisión argumentan lo siguiente:
- Los Grandes Lagos son patrimonio compartido de los pueblos de ambos países y están bajo su protección,
- El único estado estadounidense con costa en el lago, Nueva York, ya ha dicho que no reconocerá el cambio de nombre,
- Se generan tensiones diplomáticas innecesarias entre dos países aliados.
Ya había ocurrido algo parecido con el golfo de México
Trump adoptó un paso similar en 2025 al firmar un decreto que rebautizaba el golfo de México como “golfo América”. El Gobierno mexicano rechazó esa decisión, que acabó provocando disputas legales con empresas tecnológicas de mapas y agencias de noticias.
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