El presidente de la Fed, Kevin Warsh, dejó claro que el banco central podría volver a actuar si no se genera suficiente confianza en que las presiones de precios en Estados Unidos se están moderando de forma duradera. En su primera intervención en el Simposio de Política Económica de Jackson Hole, en Wyoming, Warsh señaló que, aunque los datos de inflación del verano han salido mejor de lo previsto, no se aprecia una mejora significativa en el cuadro general.
Según los últimos datos, los precios en EE. UU. subieron un 3,4% interanual en julio y siguieron por encima del objetivo del 2% de la Fed. Otro indicador de inflación seguido de cerca por la Fed se sitúa en el 3,7%. Ante este panorama, Warsh subrayó que la prioridad de la política monetaria debe seguir siendo la estabilidad de precios.
Warsh precisó que sus palabras no debían interpretarse como una guía para futuras decisiones sobre tipos, pero los mercados recibieron el discurso como un mensaje más agresivo. Según los datos de CME, tras sus declaraciones aumentaron las expectativas de una subida de tipos en septiembre. En su reunión de julio, la Fed mantuvo por quinta vez consecutiva los tipos de interés en el rango del 3,5%-3,75% por las preocupaciones sobre la inflación.
La próxima decisión de tipos del banco central se anunciará los días 15 y 16 de septiembre. Analistas de Capital Economics señalaron que el mensaje de Warsh fue más claro y más duro de lo esperado, lo que mantiene sobre la mesa la posibilidad de una subida antes de lo previsto. En la misma valoración, añadieron que, si el crecimiento económico se mantiene sólido y la inflación subyacente del gasto en consumo personal sigue elevada, volvería a contemplarse un nuevo aumento.
También se señala que las tensiones persistentes entre Estados Unidos e Irán, al impulsar al alza los precios mundiales del petróleo, están alimentando las preocupaciones por la inflación. Los precios más altos del crudo han llevado a los inversores en el mercado de bonos de EE. UU. a exigir mayores rendimientos, lo que ha encarecido la financiación del Tesoro estadounidense y de las grandes empresas. Ese aumento de costes también se traslada a los hogares a través de las hipotecas, los préstamos para vehículos y los intereses de las tarjetas de crédito.
Con el repunte de los pagos por intereses, la deuda nacional de Estados Unidos ha superado los 40 billones de dólares. Según datos del Comité Económico Conjunto del Congreso, el volumen de deuda aumenta en torno a 90.000 dólares por segundo y 7.800 millones de dólares al día. El anuncio del secretario del Tesoro, Scott Bessent, sobre la posibilidad de recompras adicionales de deuda para reducir los costes de financiación no logró generar un alivio duradero en el mercado.
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